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PSEUDO HOMENAJE MVLL

Ayer fue el onomástico número 80 del Nobel peruano Mario Vargas Llosa (MVLL). Un escritor que no solo nos hizo leer al Perú del ayer, sino también vivirlo, sentirlo oliendo el óxido sobre el lomo del tiempo trayendo vejez a las cosas.

Este post (como reza el título) no intenta ser ningún homenaje, o al menos uno que se respete, solo quiere hablar de él como de un conocido amigo personaje de los tiempos peruanos.

Y así pues, Mario, Marito o Varguitas seguramente, como un posible alterego: Zavalita.

Nos enseñó a examinarnos: dentro de nosotros andaba ese momento en que se jodió el Perú. Y muy dentro de él también, por eso se abrió ante todos para decir, con otras texturas, con otras formas, con otros sentidos; que estamos hechos o somos “desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris…”

Quizás lo único que le da un sabor amargo (aunque siempre reconoce lo contrario) sea acordarse que alguna vez pasó un cumpleaños en plena disputa por la presidencia en 1990. También, desde luego, son todas las disputas electorales desde entonces, llena de basura que él mismo sintió, llena de bajezas que él mismo recibió.

Pero esa no ha sido su única participación en política. Como intelectual, él opina y critica. Cómo olvidar su apoyo a la Revolución Cubana* y su posterior rechazo. Y ahora, en esta coyuntura peruana, cómo digerir su postura a favor de PPK. Muchos votantes deben estar diciendo lo mismo que Patricia Llosa: “Tú solo sirves para escribir” y no para opinar de política en entrevistas, agregarían.

Ahora se podría decir que goza de una nueva vida, o una nueva aventura (en el mejor sentido de la palabra) con una nueva compañera al lado. Situación que le dio pie a reafirmar sus ensayos sobre la sociedad y la banalidad puestas en La civilización del espectáculo. Valgan verdades, fue un libro (de nuevo como con Cuba) incongruente: él ha demostrado que el tema en la literatura no importa, tal vez por eso escogió uno bobo para Pantaleón y las visitadoras, escogió otro de la chismosería para escribir La tía Julia y el escribidor, incluso uno igual de trivial para Travesuras de la niña mala, o sea, escribía lo que criticaba, ¿o es que la magia de la literatura sí lo permite y la sociedad no?

Si  revisamos todos esos capítulos de su vida que uno puede olvidarse y que para él sería tragicómico, el listado sería más o menos así: el recto a García Márquez, la comisión encargada de esclarecer lo ocurrido en Uchuraccay y que le(se) hizo manchar su imagen, el debate con Alberto Fujimori (este le llamaba señor Vargas cada vez que terminaba de decir algo porque era sabido que MVLL tenía una pésima relación con su padre), el fuerte insulto que dijo de él Hernando de Soto en una entrevista, la vara que le dio a Bayly que hasta ahora pesa, la malísima película que dirigió, Lo que Varguitas no dijo (el libro respuesta de “la tía Julia“), el deshojamiento de un libro suyo en la FILBO, entre otros. Pero no hay situación más traumático como el que alguna vez contó: conocer a su padre.

Lo bueno de todo esto es recordar (o mejor aún, releer) sus clásicos. Y si MVLL lo haría y a la vez echaría un ojo a esta “hermosa tierra del sol…” se daría cuenta que hay harto material como para escribir un Conversación en La Catedral parte 2.


* Para más información sobre este tema (y muchos otros sobre las posturas vagasllosiana), el ensayo de Edwin Disla (República Dominicana, 1961) aquí.

 

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Posted by Scésar Gecé on Monday, February 27, 2017

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Publicado en Libros Misceláneos

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