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Selección Peruana 2000-2015, un desequilibrio futbolero

Desde hace algunos años se ha dado un auge en el Perú de antologías en base al cuento, esto se debe a la proliferación de editoriales independientes que trajo consigo a varios escritores jóvenes, además de la contemporaneidad digital que hace más fácil el “hacerse conocer”.

Uno de esos libros que contó con una simple pero certera estrategia marketera (como otros dos libros pasados de la misma editorial), aprovechándose del high futbolero de la época, como todos los demás productos triviales y no triviales que salen en comerciales, es Selección Peruana 2000-2015 (Estruendomudo, 2015).

Dicho libro muestra en primera instancia la excusa de la antología: cada uno de los autores antologados como figuritas de álbum con sus respectivas posiciones futboleras. En la contratapa está redactada con suma fugacidad un recuento de lo que leeremos dentro.

Dentro encontraremos tres secciones marcadas: “Calentamiento”, los cuentos y “Suplementarios”.

En el prólogo (t.c.c. “Calentamiento”), la invitación que nos hace el “director técnico”, Ricardo Sumalavia, aparte de no ser convincente peca de repetitivo con una sección del libro llamada “suplementarios”, además por no explicar a qué se debe cada posición como jugador de cada escritor o porqué necesariamente escogió a esos once. Quizás lo que esté más cerca al concepto del libro en el prólogo es esa parte final que reza casi como un axioma dependiendo de quien lo lea: “En literatura escribir una historia es jugarse la vida”.

La secuencia de los cuentos abre con En que da cuenta Lázaro de la amistad que tuvo con un ciego traficante de historias y de los infortunios que con él pasó de Carlos Yushimito, un título quijotesco demasiado pretencioso para una fábula en donde no cuadra el contexto.

De hecho son varios los cuentos pretenciosos (cuatro en total) que dan vueltas a una idea y que en ocasiones no terminan de cerrarlas, cuentos como los de  Gabriela Wiener (Un fin de semana con mi muerte), Pedro Llosa Vélez (Exiliados) y Dany Salvatierra (Ensayo para una despedida). Cosa parecida pasa con Jeremías Gamboa (La conquista del mundo) donde su narración es llevadera, roza el estilo vargaslloseano y lo complementa con su propia destreza, incluso hay cierta profundidad en los personajes, pero el ritmo es indistinto en todo el cuento, es como una transición de un punto a otro sin ningún cambio.

Por otro lado entre los cuentos con mayor trabajo están El rey siempre está por encima del pueblo de Daniel Alarcón, Desobediencia de Katya Adaui, Isaac de Sergio Galarza, Hielo para marcianos de Claudia Ulloa Donoso, Una foto con Rocky Balboa de Francisco Ángeles y Máncora de Jorge Vargas Prado. Las tramas en estos casos han sido sostenibles y variables en cuanto a la prolongación del cuento, incluso hay giros interesantes, resalta tanto su profundidad como su ritmo. Varios de ellos han sido lectura repetida aun con mayor placer.

Tras leer esta sección de cuentos aún no se sabe porqué han sido elegidos y qué parentesco hay con una selección de fútbol. De hecho los nombre de varios antologados han podido ser otros y nos quedaríamos con la misma incógnita.

El apartado “Suplementario”es la sección más interesante del libro. Ahí tenemos una suerte de entrevista que hizo Sumalavia a los antologados. Hay temas típicos como los escritores preferidos, uso del lenguaje y concepción de personajes. Pero también hay temas donde el autor se apersona y cuenta cuestiones en cuanto a la post (y behind) escritura. Cada autor cuenta las cosas que les ha pasado y lo que sienten en cuanto a la actividad actual de la literatura en el Perú.

Es interesante la forma de ver de Yushimito y Adaui frente al lenguaje, el primero dice: “No hay nada más absurdo que escuchar a un escritor decir: ‘¡En este libro he intentado trabajar con el lenguaje!'”, mientras que el segundo declara: “El lenguaje es el órgano más grande del libro, el más vulnerable, el más dispuesto al juego, es la piel”. Todo un océano de diferencia. Los demás cuentistas también dan al lenguaje un lugar en la escala de importancia dentro de una novela. Las respuestas de Vargas Prado y Gamboa son las que hacen entender la utilidad del lenguaje de forma didáctica y estructural.

Suplementario nos da todo un catálogo de posibilidades y de formas de ver el oficio que un autor peruano puede tener. Claro que ninguna de ellas se acerca ni un poco al margen de la temática futbolera.

Como colofón en el libro tenemos las listas de los autores que fueron mencionados cuando se les preguntó por sus escritores predilectos seguidos del número de menciones que tienen. Toda una sorpresa. De hecho lo mejor que tiene la antología está en “Suplementarios”.

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Hudson el redentor, el fracaso constante#ficcion #literatura #libros

Posted by Scésar Gecé on Monday, February 20, 2017

Publicado en Libros

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