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Videofilia, desde los pixeles de la realidad

En esas primeras escenas en el techo notas que Videofilia (Juan Daniel F. Molero) es una película diferente, exactamente cuando los personajes se van de cuadro y la cámara hace un movimiento anormal. La clase de historia aquí mostrada no es común en el cine peruano, incluso lo más cliché que se puede encontrar como el amor, se vuelve una cuestión rara, enferma, voyerista, digital. Y es curioso esto cuando se ve a sus personajes, alienados en un mundo de computadoras, jóvenes que viven la realidad a partir de lo virtual invirtiéndo lo que comúnmente sucede.

Junior (Terom Dactilus) es un pornógrafo y Luz (Muki Sabogal) una recién egresada de colegio, la perversión se cuenta sola. Ambos recrean todo un sentir de generaciones segmentadas. Molero logra coger ese arquetípico “chico conoce a chica” para transgredirlo y llevarlo a un extremo periférico del usual tratamiento. Junior también es un gamer, un vago, consume drogas, creen en conspiraciones y tiene un amigo inválido. Luz es mesera en un restaurante pseudo otaku, busca experimentar, se droga, tiene una amiga prostituta. Ambos se conocen viendo sus partes en internet y solo piensan en tener sexo en la realidad. En un trasfondo Junior no cruza fronteras, no cambia en lo absoluto, incluso podemos poner en tela de juicio su supuesto enamoramiento. Luz en cambio como adolescente requiere cambios, o su contexto requiere cambios en ella. Luz a comparación de Junior nota su yuxtaposición con lo virtual y esto da camino a su supuesta muerte y a un cambio de ánimo y al desenlace de la película.

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La mayoría de las escenas llegan a ese lugar central del concepto propuesto en Videofilia, como cuando los personajes consumen drogas, esas imágenes sobre otras con esos efectos antiguos cuando se quemaba el celuloide pero traídos a la era digital, nos hacen ver lo que la experiencia le transmite a los protagonistas: figuras nuevas sobre lo anatómico, sobre sí mismo, en diferentes ángulos, a diferentes distancias, manchas en la visión, fragmentación, pixeles en la realidad, todo eso logra transmitir Molero. También hay escenas logradas desde el humor, esa fiesta, los cosplays (uno en particular de Oliver Atton), los gags ambiguos, lo ridículo, etc. Sin embargo Molero ha querido impregnar dentro del contexto la corrupción, especialmente de Fujimori, pero no logra cuajar totalmente con la trama, los únicos nexos que se le pueden ocurrir a uno es que se desbarató todo ese sistema enviciado con la publicación de unos videos caseros (para estar de acuerdo a los conceptos de Videofilia, la palabra sería amateur) con un estilo voyerista y que en una marcha, ya en estos tiempos, sirve lo digital (se proyectó un documental en la Plaza de Armas) para que la verdad se propague, luego está la sangre y esas tonalidades rojas que cambia a Luz, pero aún así, tal vez Videofilia tuvo que contener menos tiempo la corrupción en su historia.

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Ya sea por todo el revuelo que ha levantado (ganó el Tiger Award en el Festival de Cine de Rotterdam y obtuvo el premio a la Mejor Película en el Festival Lima Independiente en el 2015, fue reconocida como el Mejor Largometraje Nacional del 2016 por el APRECI, también ganó el premio a la distribución del Ministerio de Cultura y fue elegida para representar al Perú en los Oscars del 2017), ¿es Videofilia innovadora y refrescante en la escena nacional? Sí, totalmente. Es curioso que esto ocurra dentro de un denominado boom del cine peruano, pero esa película está hecha a modo guerrilla, autogestionada, por lo tanto Videofilia está en el contexto del boom pero en su periferia, y es ahí donde debemos empezar a buscar y alimentar, sobre todo eso: alimentar.

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Comprar, Tirar, Comprar#documental #review

Posted by Scésar Gecé on Thursday, March 16, 2017

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Publicado en Cine

Un comentario

  1. Concuerdo con lo ultimo. Necesitamos eso, alimentar. y tener mas cine, mas cine bueno, mejor cine.

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